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Avances en la cultura de integridad. Columna del Presidente de Generación Empresarial en el Diario Financiero

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La semana pasada tuvimos el honor de entregar, por segundo año, el Premio Generación Empresarial – Diario Financiero al Compromiso con la Integridad, en el que participaron 45 empresas que estuvieron dispuestas a medirse a través del Barómetro de Valores y Ética Empresarial de nuestra fundación, dando a conocer sus avances en lo que respecta a cultura ética y mejores prácticas. Esto constituye una demostración de humildad, apertura y convicción; de interés por promover la integridad, y de comprensión de que el esfuerzo debe ser mancomunado, ya que solo así es posible reconstruir vínculos de confianza entre empresa y ciudadanía. Por eso, valoramos enormemente a quiénes decidieron participar en esta premiación.

En mi rol en Generación Empresarial, hace ya cuatro años, he podido observar la evolución de estos temas: desde ser una preocupación secundaria en los directorios, pues el foco estaba en la dimensión financiera, hasta ver cómo la integridad, el rol social de la empresa, y la sintonía fina con la ciudadanía se han transformado en temas centrales. La mirada ha cambiado; está cambiando, también, la cultura en muchas empresas y gremios empresariales. La integridad se está volviendo un componente neurálgico dentro de los gobiernos corporativos del país y esto es clave: la dignidad de las personas, el bien común y el sentido de misión de la empresa deben ser lo que se respire en los directorios.

Todas estas transformaciones son maravillosas, pero todavía queda mucho por avanzar. Como señaló Nicole Nehme en el panel de la ceremonia de premiación: “las empresas deben actuar con conciencia de que están siendo medidas con la vara del mañana”, y no siempre hay claridad sobre cuál es esa vara. El desafío y la exigencia social tensionan a las organizaciones, y algunas de ellas no tienen certeza sobre la mejor dirección en la que deben avanzar. Para las que quieren hacerlo aún mejor, para las que sueñan con liderar el cambio que trae consigo el nuevo escenario, instancias como este premio son una gran oportunidad.

Todas las empresas postulantes pueden sentirse orgullosas por su compromiso con la gestión concreta de la integridad. Por eso, me atrevo a invitar a sus líderes a asumir un nuevo desafío: el de compartir con sus pares aprendizajes, dolores, lecciones y logros, contagiando el interés y entusiasmo que han demostrado por avanzar en estas materias. Porque los desafíos que nos pone por delante el nuevo escenario social, requieren de todas las empresas y empresarios haciéndonos corresponsables en la cruzada por ser mejores: cuando una empresa aprende y mejora, todos deberíamos también ser mejores gracias a su ejemplo y trabajo.

Como bien nos recordó Andrés Kuhlmann, gerente general de Transelec, una de las empresas destacadas el año pasado: “la integridad repercute positivamente en colaboradores, clientes, y en la sociedad. La confianza hace más fácil el trabajo”. Estamos llamados, entonces, ser vanguardia; a transmitir la cultura de integridad a nuestros pares, a nuestros clientes y proveedores. A contagiar a muchos más, para que esta iniciativa sea un referente en el cambio positivo en las empresas, que Chile tanto necesita.

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