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Caso Carabineros: una reacción ejemplar. Columna de Gonzalo Said, Presidente de Generación Empresarial, en Diario Financiero

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  • Carabineros

    Ahora fue el turno de Carabineros. El caso, en investigación, ha tenido elementos conocidos y novedosos. Entre lo tristemente conocido, deficientes controles internos hicieron posible que un grupo de funcionarios cometiera un fraude de miles de millones a través de depósitos a cuentas privadas ocultos en la contabilidad institucional. Entre lo novedoso, la rápida reacción del General Director: los involucrados -confesos o no- fueron inmediatamente desvinculados de la institución, tal como quienes tenían a cargo el control contable y financiero.

    Si bien es cierto que no esperar el final de los procesos para tomar determinaciones radicales puede causar enormes daños a quienes son desvinculados (los años que dura la carrera funcionaria en Carabineros son clave tanto para la jubilación como para la previsión de salud familiar), la reacción ha sido bien recibida por la ciudadanía y por expertos. Y con razón, ya que despeja cualquier sospecha de complicidad con los hechos, dejando claro que acciones como ésta son repudiadas y sancionadas. Con ello se ha resguardado la confianza pública y la cultura institucional, mucho mejor que en casos similares en entidades privadas o estatales.

    La solidez ética de las organizaciones, sin excepción, se pone a prueba en estas circunstancias. Aunque la corrupción es una amenaza siempre presente, lo que marca la diferencia son las decisiones tomadas en contingencias en las que se pone en entredicho el honor y la reputación, y donde siempre es más fácil -aunque ha quedado demostrado que no más efectivo- negarlo todo u optar por el hermetismo.

    Entre los flancos que abre este caso están los débiles controles internos de Carabineros; la efectividad real de las auditorías y la capacidad de las instituciones bancarias de detectar transacciones sospechosas a tiempo y denunciarlas a la Unidad de Análisis Financiero. Los sistemas de control y compliance se pueden mejorar con dedicación, recursos y buenos expertos, pero lo realmente difícil es crear una cultura donde cada uno de los miembros tenga claro cuáles son los límites, y los costos personales, institucionales y sociales de traspasarlos. Dichos límites están enclavados en la ley, es cierto, pero deben tener un sustento más profundo en valores institucionales inviolables: en el sello ético de la organización.

    En suma, Carabineros y otras instituciones públicas podrían incorporar los sistemas de control y compliance cada vez más avanzados de las compañías locales, tal como muchas empresas podrían aprender de la actitud de Carabineros al revelar el fraude interno, privilegiando el bien común y la confiabilidad por sobre cualquier otra consideración.

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