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Comunicación entre empresariado y ciudadanía: el acierto de Luksic. Columna del Presidente de Generación Empresarial en La Tercera

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En el video subido a YouTube, Andrónico Luksic contesta los inaceptables insultos de un diputado, se refiere muy parcialmente a algunos de los temas en los que sus empresas han estado involucradas y se muestra directamente ante la ciudadanía, revelando emociones. Si bien es más que válida la discusión sobre si lo expuesto fue suficiente o no, o si el formato fue el adecuado, este video marca un importante avance, por varias razones, en la relación empresariado-ciudadanía.

La cultura empresarial chilena es tradicional, austera y retraída. Confía y trata generalmente sólo con los propios. Mientras la sociedad en su conjunto se ha ido complejizando, la élite capitalina ha respondido alejándose. Viviendo más hacia la cordillera y trabajando cada vez más en las alturas. Dicha distancia se ha ido consolidando no sólo como algo real y tangible, sino también simbólico y emocional. Esto ha provocado que los diálogos entre las élites empresariales y políticas y el resto de la sociedad estén cada vez más quebrados: prácticamente no hay puntos de encuentro, y lo que es más grave, incluso el lenguaje y los códigos parecieran alejarse cada día, como si se tratara de dos idiomas muy distintos.

En este contexto, el video fue una bocanada de aire fresco. Una constatación de que el lenguaje, cuando proviene de las emociones humanas y de la sensación de vulnerabilidad, es básicamente el mismo, sin importar el capital social o cultural de quien habla. Ese lenguaje común es el único que genera empatía: permite ponerse en los zapatos del otro.

Un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista Science, reveló que una conversación de 10 minutos, cara a cara, es capaz de derrumbar buena parte de los prejuicios, a veces fuertemente arraigados, que tienen las personas entre sí. No es viable tener conversaciones así con cada chileno, pero las herramientas digitales pueden facilitar la tarea.

El video de Luksic causó, es cierto, múltiples burlas, remedos, y fue recibido por muchos con sorna y desagrado. Pero su evaluación no puede sino ser enormemente positiva, tanto para su protagonista, para el interés de su familia de llevar adelante sus negocios en forma legítima y, finalmente, para el diálogo social. Esto, porque marca un punto de inflexión en la necesaria comunicación entre empresarios y ciudadanos. Una comunicación que, dicho sea de paso, no debiera ser reactiva,  sino sostenida en el tiempo, y que sin duda hoy se ve, en el caso del video en cuestión, aún incompleta y unilateral.

La invitación, entonces, es a profundizar en este camino iniciado por Luksic, que conduce al diálogo, a la transparencia, a dar la cara y a exponer francamente los propios principios, molestias, expectativas y necesidades. Sólo así se podrán derribar los prejuicios, de un lado y de otro, construidos a modo de muralla que resguarda de temores mutuos, de sentimientos de incomprensión. Necesitamos ser un solo Chile, hacer país entre todos y para eso, aunque suene evidente, nos necesitamos unos a otros.

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