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“Corresponsabilidad o responsabilidades cruzadas”. Columna de Gonzalo Said, Presidente de FGE, en el Diario Financiero

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Algunas semanas después de que se diera a conocer el caso de colusión en la industria del papel tissue, la CMPC acumula una pérdida de más de US$ 1.000 millones en valor accionario, a lo que se podrían sumar otros cientos de millones entre las compensaciones que la empresa podría pagar y el resultado de los juicios civiles que probablemente enfrente. En el caso de SCA, la perspectiva de multas, compensaciones y juicios podría, según sus ejecutivos, poner en juego la viabilidad de la participación de la empresa en el mercado chileno. Como vemos, las actuaciones en contra de la ética y de la ley tienen un costo, pero este no se limita a las empresas directamente involucradas.

Más complejo de medir será el costo asumido por el sistema de mercado en su globalidad. Por un lado, está la reducción de confianza de los inversionistas en la probidad de las empresas chilenas en su conjunto y, por otro, las nuevas regulaciones surgidas a raíz de este escándalo. En un contexto de economía interconectada, donde los ojos del país y el mundo están centrados en las prácticas de los empresarios, la colusión tiene costos que superan el daño causado en forma directa, llegando a afectar incluso a consumidores, trabajadores, empresarios y las perspectivas de desarrollo del país en general.

El camino que muchas empresas han emprendido, aunque solo algunas con la convicción necesaria, es el de poner un alto nivel de relevancia a valores, políticas y mejores prácticas para minimizar la posibilidad de que actos reñidos con la ética ocurran en su seno y que, de suceder, existan los mecanismos para denunciarlos y desbaratarlos oportunamente, sin que se instalen como parte de la naturaleza de la organización. Las empresas saben lo mucho que tienen que perder ante casos como los que hemos visto y cada día más de ellas se toman en serio las medidas y cambios culturales necesarios para estar preparadas.

Sin embargo nada de esto es suficiente. Los costos sistémicos que traen aparejados los escándalos empresariales hacen que el nuevo horizonte sea la “corresponsabilidad” de las empresas y sus líderes en torno a la promoción cruzada de mejores prácticas, formación de directores y ejecutivos en los desafíos éticos de los negocios, intercambio de experiencias, y una mayor preocupación de los gobiernos corporativos por cómo se hacen las cosas. Y no solo en su propia organización sino en las del lado. El riesgo para el negocio hoy proviene, también, de problemas que presente la empresa vecina.

Por ello es que el camino más sensato para superar la actual crisis de legitimidad es traspasar las fronteras de las organizaciones y hacerse corresponsables de lo que ocurre en el mundo de la empresa como sistema interconectado. Esta es una tarea que no puede ser delegada solo a los gremios, sino liderada en forma personal, activa y pública por empresarios y ejecutivos convencidos de la importancia de estas materias y capaces de comprender la red de responsabilidades cruzadas que implica llevar adelante una empresa en este siglo.

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