FGE en Prensa

Entrevista a Gonzalo Said y Nicholas Davis en El Mercurio

Haga click en la imagen para ver la galería

Entrevista Gonzalo Said y Nicholas Davis. El mercurio 2 de mayo

El Presidente y Vicepresidente de Generación Empresarial abordaron el crítico momento por el que atraviesa el empresariado y las acciones que, proactivamente y con decisión, hay que tomar para recuperar la confianza de la ciudadanía.

Gonzalo Said, presidente de Fundación Generación Empresarial, y el vicepresidente de la entidad, Nicholas Davis, manifiestan su preocupación por el daño que pueden provocar en la imagen del empresariado acontecimientos como los ocurridos en el último tiempo en el marco de la relación entre política y negocios, a la luz de casos como Penta, SQM y Caval. También hacen hincapié en que a nivel de las organizaciones es necesario dejar a un lado la retórica y ponerse en acción. En este sentido, adelantan que desde la fundación se encuentran trabajando en impulsar el compromiso de los gobiernos corporativos con una cultura empresarial donde la ética y las buenas prácticas sean ejes centrales. El riesgo de no hacer nada en esta materia -afirman- es perpetuar el descrédito de la empresa y los empresarios y la desconfianza que hoy prima, y hacer de las malas prácticas vicios culturales.

-¿Cuáles son, a su juicio, los temas o déficits más urgentes que deben abordar los ejecutivos en las empresas en materia de prevención, a la luz de los últimos hechos que involucran a importantes empresarios y ejecutivos del país?

Gonzalo Said (GS): “Creo que los gobiernos corporativos no han tenido la capacidad de alinear al sector en visiones valóricas y éticas comunes. Y no por mala fe, sino muchas veces por centrarse en las urgencias del día a día. Muchas decisiones corporativas se han enfocado principalmente en la eficiencia y en la rentabilidad de las compañías, sustentándose en la legalidad, y no siempre en la legitimidad”.

Nicholas Davis (ND): “En los casos que hoy marcan la pauta noticiosa, el factor común han sido acciones reñidas con la ética en niveles altos de las organizaciones. ¿Cómo podemos exigir comportamientos intachables a nuestros colaboradores si no predicamos con el ejemplo? Esta coyuntura nos ofrece la gran oportunidad de transformar nuestras organizaciones, desde los directorios en adelante, en empresas alineadas en valores y preocupadas no solo de ser competitivas y rentables, sino de aportar al bien común”.

-Si los empresarios no asumen un rol activo en estos temas, ¿cuáles son, a su juicio, además del descrédito a nivel de imagen, los riesgos que enfrentan las empresas?

-GS: “El riesgo es perpetuar el descrédito de la empresa y los empresarios y la desconfianza que hoy prima, y hacer de estas malas prácticas vicios culturales. Por eso, desde Generación Empresarial, creemos que es fundamental dejar la retórica y ponerse en acción. Estamos trabajando arduamente en impulsar el compromiso de los gobiernos corporativos con una cultura empresarial donde la ética y las buenas prácticas sean ejes centrales. En lo concreto, hemos comenzado a trabajar con un grupo de empresarios y ejecutivos en un plan que considera, primero, elevar los estándares éticos a partir de un programa de formación transversal en estas materias, difundiendo mejores prácticas empresariales y manteniendo un diálogo permanente y transparente con la ciudadanía y autoridades. Segundo, construir un relato común basado en los principios y valores que mueven al sector y levantar información agregada del real impacto que las empresas tienen en el desarrollo integral de las personas. Y tercero, impulsar un programa de autorregulación en mejores prácticas empresariales, en conjunto con la CPC y sus ramas. Debemos no solo exigirnos cumplir cada día esa vara, sino también estar dispuestos a que todos los chilenos nos demanden ese cumplimiento.

-¿Cómo los pares pueden sancionar a una empresa que eventualmente no tenga estándares éticos altos?

-ND: “Primero, debemos definir claramente cuáles son los estándares con que queremos operar. La ética de mínimos -es decir, lo que dicta estrictamente la ley- no es suficiente. Si nosotros como empresarios no somos capaces de autoevaluarnos, corregirnos y sancionarnos, no vamos a salir nunca de la crisis en que se encuentra el sector”.

-GS: “Si bien las empresas que hayan transgredido la ley en la búsqueda de su propio beneficio y en perjuicio de la ciudadanía deben ser sancionadas, creemos además necesario que se compensen los eventuales daños provocados y se tomen las medidas internas necesarias para fortalecer sus culturas éticas y así prevenir futuras irregularidades. No puede ser que solo haya sanción; ese es un camino cortoplacista. Al mismo tiempo, es necesario ser justos y defender el quehacer de las miles de empresas que operan de manera honesta y que aportan a la sociedad de múltiples maneras”.

-¿Cómo debe cambiar la relación entre política y negocios a la luz de los últimos acontecimientos?

-ND: “Los países que carecen de un balance entre lo público y lo privado no son exitosos en el largo plazo. Me parece preocupante que esta problemática culmine en que el financiamiento a las campañas políticas sea exclusivamente estatal. Los empresarios deben tener un rol activo en este ámbito. No estoy de acuerdo con las donaciones electorales de empresas, pues los conflictos de interés son demasiado evidentes. Pero en el caso de personas naturales, si logramos que sean donaciones absolutamente transparentes e informadas públicamente, los conflictos de interés prácticamente desaparecen. Y, por supuesto, cualquier financiamiento fuera de este sistema debe ser penado con todo el rigor de la ley”.

-¿Cómo es posible contrarrestar la imagen proyectada al exterior y que ya tiene impactos puntuales en las evaluaciones de crédito y similares, además de arriesgar la pérdida de parte del prestigio chileno?

-GS: “Es doloroso percibir la pérdida de parte del prestigio internacional que tanto nos ha costado construir. No solo la ciudadanía chilena está observando con atención el comportamiento ético empresarial, el actuar de los entes reguladores y las respuestas de los pares y organizaciones gremiales. Los ojos del mundo están sobre nosotros, y debemos entender lo que ponemos en juego si como sector no estamos a la altura. Aquí, más que los problemas generados por unos pocos, lo verdaderamente relevante es qué es lo que haremos al respecto. Por ello es que las respuestas no pueden ser a medias tintas: la condena a los escándalos debe ser enfática. Y, más importante aún, las medidas de prevención que se tomen deben ser efectivas y dadas a conocer a todos los públicos de interés de forma transparente y oportuna. Sólo así la empresa chilena podrá salir de este mal momento con la cabeza en alto y un destino promisorio”.

FGE en Prensa

Empresas Socias