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Invertir en ética en tiempos de crisis económica. Columna del Presidente de Fundación Generación Empresarial en La Tercera

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El año 2015 estuvo marcado por un preocupante número de escándalos empresariales. En una encuesta a directores y gerentes de empresas realizada por Fundación Generación Empresarial, el 81% declaró que los hechos cuestionados eran más usuales de lo que hubiera creído hace un año, y el 74% consideró que representaban prácticas antiéticas que se habían vuelto un hábito para los infractores. Según la misma encuesta, el 58% realizó en 2015 una revisión de prácticas internas para detectar posibles infracciones y realizar mejoras, el 35% incorporó ayuda externa para revisar y readecuar políticas de ética y compliance, y el 34% instauró mecanismos de denuncia internos para detectar de forma temprana posibles infracciones legales o a políticas corporativas.

Estas cifras revelan que, en el ámbito del cumplimiento, las empresas están tomando medidas efectivas y acordes con los tiempos. Pero, más importante aún, y sin perder de vista los daños personales, empresariales y sistémicos que provoca ignorar la importancia de la forma de hacer empresa en Chile, se ha visto una mayor preocupación por la incorporación de valores y principios de conducta en el quehacer de las organizaciones.

La orientación a mejorar prácticas éticas a través de políticas y herramientas de compliance como modelos de prevención, líneas de denuncia, entre otros, y a hacerse cargo de su gestión e incorporación en la cultura organizacional, se ha ido tomando paulatinamente las agendas en directorios y reuniones gremiales. Todos estos cambios han sido bien acogidos y valorados, pero en la actual coyuntura, lamentablemente, corren peligro.

Los aires de crisis económica se han instalado con fuerza, impulsados por magras cifras de crecimiento, malas noticias internas y externas, junto con bajas expectativas de mejoras a mediano plazo. Como es usual en estos escenarios, las empresas se “aprietan el cinturón” y disminuyen muchas de sus inversiones, posponen planes de crecimiento productivo y suspenden iniciativas de desarrollo institucional, como son los avances en materia de ética y mejores prácticas.

El problema es que, en un contexto donde la exigencia a los empresarios ha aumentado y las empresas pueden ver su viabilidad rápidamente amenazada por una infracción grave a la ley o a la ética, el poner freno a los primeros pasos en el camino hacia una proactiva y efectiva preocupación por la forma de hacer negocios, deja a las empresas vulnerables de incurrir en hechos de este tipo. Y al sistema empresarial chileno en su conjunto lo expone a seguir sufriendo nuevos escándalos que socaven aún más la legitimidad del mercado local.

Un bajo crecimiento no puede ser excusa para dejar de hacer las cosas mejor. La implementación de políticas de este orden no se caracteriza precisamente por ser costosa; lo que principalmente requiere es voluntad y convicción por parte de los liderazgos corporativos.

Las empresas verán muchas crisis económicas a lo largo de su funcionamiento, de las cuales podrán salir casi siempre a flote. Pero cada crisis legal y ética, sobre todo hoy en día, puede ser la última. Por eso es que el camino de avance no debe ser detenido, sino reimpulsado con nuevos bríos, para profundizar su alcance tanto en profundidad como en número de empresas dispuestas a emprender este derrotero. La principal crisis que amenaza hoy a la empresa chilena no es económica, sino de legitimidad y confianza, y las medidas que hay que tomar para enfrentarla urgen más que nunca.

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