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La paja en el ojo ajeno. Columna del presidente de Generación Empresarial en La Segunda

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Sobre la crisis ética que se cierne sobre la sociedad chilena hay una infinidad de versiones. Los optimistas sostienen que en realidad dicha crisis no es sino el reflejo de una sociedad más proba y transparente que ha perdido la tolerancia a la corrupción, las malas prácticas y los juegos opacos de poder. Los menos positivos dan cuenta de una pérdida gradual de valores y principios éticos, por causa de una exacerbación del individualismo, de una pérdida de sentido del bien común y de consciencia de cuánto impactan las pequeñas decisiones en el escenario general.

La respuesta correcta la desconocemos, solo sabemos que empresarios, políticos, funcionarios públicos y privados y ciudadanos de a pie han sido protagonistas de infinidad de transgresiones en el último tiempo, expuestas todas en la plaza pública de las redes sociales, con altavoz y efecto multiplicador.

En esta plaza pública, todos difaman, exclaman, proclaman y reclaman. Se quejan de los actos reñidos con la ética de unos y otros. La gran duda que nos asalta es: ¿esas personas e instituciones que vociferan, lo hacen porque tienen un prontuario impoluto e intachable? ¿Se hacen cargo de sus propios malos hábitos y prácticas, desde lo cotidiano en adelante? ¿Cuidan la pulcritud de su actuar tanto como vigilan la de los demás?

Denunciar ilícitos, ilegitimidades, injusticias, fallas éticas, todo forma parte del ejercicio democrático y enriquece el crecimiento y desarrollo cívico de una sociedad. Sin embargo, como en todo, los excesos y también las inconsistencias son el problema. Hacerse responsable del propio actuar, sin usar como excusa la falla o el defecto del contrincante o el del lado; vigilar la rectitud en la propia conducta personal, institucional o corporativa sin reparar más en el error del otro que en el propio. Todas son conductas deseables en el actual contexto. En pocas palabras, como reza el dicho popular, no mirar la paja en el ojo ajeno sino la  viga en el propio.

Parafraseando al escritor Julio Cortázar, en el extracto de una entrevista de corte político realizada por la revista 7 días,  en febrero de 1984: hoy “no hay una autocrítica que empiece por decir ‘yo también formo parte de las equivocaciones y de los defectos del país’. En la medida que el pueblo no se dé cuenta de que él es el protagonista de su democracia, y no los demás, no vamos a salir adelante”. Ocupémonos de actuar humanamente, probamente, éticamente, consistentemente, autoanalizando y autocriticando antes de mirar hacia el lado y reparar en lo que el otro hizo igual de mal o peor que yo. La ley del empate nunca ha sido sinónimo de autosuperación.

 La paja en el ojo ajeno

 

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