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Mejores prácticas: respuesta proactiva a las exigencias del mercado. Columna de Gonzalo Said en el DF

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Como tanto concepto que muchas veces se repite y asume como comprendido por todos, el de “mejores prácticas” abunda en libros, columnas y listados de recomendaciones. Pero, ¿qué son exactamente y qué sentido tienen en la compleja coyuntura que nos convoca?

Una mejor práctica es un método radicado en la cultura de las organizaciones, que permite lograr sistemáticamente mejores resultados, convirtiéndose así en un benchmark que puede ir evolucionando. Dicho método tiene, por lo general, un sustrato valórico importante, ya que son los valores los que definen la dirección en la que personas y organizaciones desean avanzar o transformarse para cumplir de manera ejemplar sus objetivos.

En función del contexto, las mejores prácticas se van redefiniendo, adaptando, redimensionando y tomando nuevas formas a través de diálogo permanente -interno y con los públicos de interés-, formación continua, sistemas de control y retroalimentación, entre otros. Todo esto constituye un sello corporativo. Las mejores prácticas, entonces, dependen tanto de la empresa como de su entorno. Por un lado, de los valores corporativos, del liderazgo, del nivel de desarrollo institucional, de las capacidades internas para llevar a cabo reformas transformadoras. Por otro, del estado del arte regulatorio, de la relación con sus públicos y de las exigencias sociales ante las que debe responder.

Esto hace que las mejores prácticas para una empresa, en un determinado país, si bien no son necesariamente homologables con las de otra empresa en otro lugar geográfico, siempre son ejemplos valorables que pueden guiar e inspirar los esfuerzos y ser replicados a medida. Por esto es que compartir prácticas ejemplares propias y destacar, discutir y comentar las ajenas son caminos provechosos a la hora de construir mejores empresas, capaces de sortear de buena manera sus propios desafíos.

Recientemente estuvo en Chile el experto internacional en ética y cumplimiento Michael Fine. Entre sus planteamientos estaba el darle fuerza a los programas de cumplimiento y a la cultura organizacional, en general, basándolos en la convicción y compromiso de la alta dirección, en valores corporativos sólidos y bien comunicados y, por sobre todo, en las mejores prácticas del mercado. Es decir, no remitirse solo a lo que dictan leyes y normativas sino intentar siempre ir un paso adelante, marcando tendencia, adelantándose a las necesidades de los tiempos y del regulador, sorteando riesgos y cimentando una cultura no solo basada en cumplir sino en la ética propiamente tal, entendida ésta como la puesta en acción de la estructura valórica. Bajo este planteamiento, y en el supuesto de que las empresas asumieran proactivamente este cometido, es bien probable que la tasa de escándalos, como los que hemos visto en el último tiempo, disminuiría notoriamente.

Gonzalo Said H.

Presidente Fundación Generación Empresarial

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