FGE en Prensa

Prudencia en los Gobiernos Corporativos. Columna del Vicepresidente de FGE, Nicholas Davis, en La Tercera

Haga click en la imagen para ver la galería

Actuar de forma correcta, cumpliendo no solo con las expectativas de la sociedad sino con las de uno mismo, no siempre es algo sencillo. La diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, si bien muchas veces clara como el agua, otras veces suele nublarse en el traspaso entre la teoría y la práctica. En esa niebla que dificulta el camino, requerimos de valores firmes que iluminen el andar. Entenderlos, estudiarlos y hacerlos parte del actuar del día a día, es parte fundamental de la construcción de capacidades para enfrentar los desafíos y dilemas éticos de una manera sistemática.

Los valores son múltiples, cada uno con sus particulares rasgos. Pero por su importancia contingente, comencemos a ocuparnos de la prudencia. Valor fundamental, abarca buena parte de nuestro desempeño empresarial. La entendemos como la capacidad de analizar y comprobar información antes de tomar una decisión, evaluando las consecuencias. Desde una mirada aristotélica, como todo valor, puede fallar tanto en su ausencia como en su exceso.

La ausencia de prudencia es actuar precipitadamente, sin pensar ni medir las consecuencias. Es llevar adelante una acción de manera imprudente o desmedida. En cambio, el exceso de prudencia es la negligencia: la irresponsabilidad al tomar decisiones con cautela de sobra, evaluando excesivamente todas las opciones posibles hasta finalmente no hacer nada.

Las discusiones en gobiernos corporativos suelen ser protagonizadas por diferentes dilemas, donde el espacio entre la imprudencia y la negligencia no siempre está claro, particularmente en lo que se refiere a las responsabilidades de diligencia y cuidado de los directores. ¿Cuánto demandar para tener toda la información, pero sin perjudicar la agilidad de los negocios? ¿Cuánto estresar la relación con los dueños, sin dejar de tener un rol activo e inquisidor para contar con las herramientas necesarias a la hora de tomar las mejores decisiones posibles? ¿Cuánto remover una cultura corporativa que puede parecer anticuada o llena de riesgos, sin dilapidar la construcción histórica de una empresa tradicional? ¿Cuánto dudar de la información presentada por los ejecutivos de una firma, sin destruir las mínimas confianzas necesarias para el funcionamiento fluido de una empresa? Entender la prudencia aplicada al desempeño de un gobierno corporativo es una pregunta abierta que requiere de reflexión y trabajo permanente.

Las mejores prácticas relativas a las preguntas anteriores no son únicas y no solo suelen diferir entre diferentes empresas y contextos, sino que además mutan en el tiempo. La empresa con directores que se limitan a levantar la mano según lo que espera el dueño, quedó definitivamente en el pasado. Cada día el valor de la prudencia habla menos sobre la relación con el controlador y más sobre el rol del director hacia los accionistas en general, minoritarios en particular, sin olvidar -por supuesto- a la sociedad en su conjunto y el rol que la empresa tiene, como parte de ella, en la construcción de un país mejor para todos.

Los dilemas éticos son pan de cada día en los gobiernos corporativos y en todos quienes componen la empresa. Por eso, solo con un trabajo continuo de incorporación de los valores a la cultura organizacional y el quehacer diario, las compañías pueden esperar tener éxito en un mundo cambiante y lleno de nuevos desafíos que interpelan a hacer las cosas con más cuidado, responsabilidad, transparencia y prudencia.

 

valor de la prudencia

 

 

La Tercera. Prudencia en los Gob Corp. Nicholas Davis. 25 marzo

PARA VER LA VERSIÓN ONLINE DE LA COLUMNA, HAGA CLICK AQUÍ

FGE en Prensa

Empresas Socias